27 de agosto. Carrera Popular de Cerceda. Madrid
Como ya decía en la zancada anterior, tras el mes de reposo tocaba volver a correr. Nacho ya me habló el año pasado de la carrera de Cerceda, y me pareció buena idea ir con él este año y retomar las carreras haciendo un rodaje largo de montaña. En qué hora...
Nacho finalmente no pudo venir, así que me quedé solo ante el peligro. Tras un rodeo no previsto pasando por Navacerrada, llegué a Cerceda con tiempo de sobra para recoger y pagar el dorsal. Mucho calor y algo de ambiente.
El primer contratiempo, nada más recoger el dorsal. Un apretón de los fuertes, y a desalojar en el baño que había justo detrás de donde se hacía la inscripción. No entraré en detalles, pero vi la cosa malita, acrecentándose así la sensación de "¿qué estoy haciendo aquí?"que ya tenía desde hacía unos cuanto minutos.
Volviendo al coche para dejar las cosas me encontré con mi primo Carlos, al que hacía lo menos 15 años que no veía. Está en el club "Tierra Trágame" y me uní a él y a la gente con la que se fue juntando.
Salida bastante puntual, a las 7 de la tarde. Mi intención era ir a una media de 5'/km, que en principio pensé que estaría bien. Los primeros kilómetros, casi todo por asfalto y pisando los núcleos urbanos fueron más o menos al ritmo esperado; iba cómodo.
Cuando ya nos adentramos en la zona de campo a los pies de la sierra madrileña, y la cosa empezó a tirar para arriba, yo me fui adelantando, pensando que iba bien. Ya habíamos pasado el primer avituallamiento en el km 3,5 y hasta el 7 (eso pensaba yo) no tocaba el siguiente. Ambiente seco y polvo en el camino, pero con bastante ánimo.
El esperado avituallamiento llegó casi en el 8, donde ya comenzaba el descenso. Al poco comencé a notar molestias en la parte externa de la rodilla izquierda y tuve que bajar el ritmo, dejando que un corredor al que seguía a buen ritmo se fuera sin remedio. En el camino pude ver al ilustre Pablo Vega que se había quedado en la cuneta afectado por un golpe de calor.
Si en la subida había ido adelantando a unos cuantos, en los últimos kilómetros fui yo uno de esos cadáveres que van recogiendo los más prudentes. Cuando la rodilla izquierda parecía haberse recuperado, empezó a molestar la derecha, así que entre eso y que mis piernas ya acusaban el mes de inactividad, tuve que bajar aún más el ritmo. A poco menos de un kilómetro para meta me cogió mi primo, que a pesar de superar ya los 50 años se ve que sabe mucho de esto, y gracias a él pude llegar más o menos dignamente a la meta, donde nos obsequiaron con unos calcetines (mal la talla, pero le valen a Ana) una camiseta técnica, algo de bebida y fruta cortada que entraba de maravilla.
De las agujetas que me han durado más o menos cuatro días no digo nada.
Mi carrera según el Garmin
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martes, 1 de septiembre de 2009
jueves, 8 de enero de 2009
Blanca Cercedilla
21 de diciembre. Carrera de navidad de Cercedilla. Madrid
Otro año más, y van tres, volvimos a Cercedilla a correr la carrera de navidad. El aliciente para Ana era que se trataba de su vuelta a las carreras tras el nacimiento de Andrea. Ya se podría haber buscado otra más facilita... :-)
Salimos pronto para dejar a Andrea con sus abuelos en Pozuelo, y con un frío que pelaba, aunque con cielo despejado, nos dirigimos a Cercedilla. Al llegar, el clásico atasco para aparcar en el pueblo. Nos desvían a unas calles cerca del ya repleto y con algo de nieve aparcamiento habitual.
Como ya viene siendo tradición, nos dirigimos directamente a casa de Isma para recoger el dorsal, cambiarnos, y bajar a la zona de salida a por el chip donde este año también se recoge primero la camiseta. Allí nos cruzamos brevemente con gente del club. Mucho ambiente, como ya viene siendo habitual, y demasiad mogollón en la salida.
Este año he decidido no ir a tope, así que me quedo con Isma y Jesús. Vamos muy tranquilos durante los primeros kilómetros, donde ya empieza a haber nieve y hielo, pero de verdad, no como en Akiles. Isma, que se conoce perfectamente el terreno, me va indicando lo que viene a continuación. Es un experto colándose por los lados, y a ratos, sobre todo en las subidas, me cuesta seguirle. Nos reagrupamos y seguimos dándole.
Es una gozada lo de correr por nieve. Lo del hielo ya es otro cantar, pero yendo con cuidado no hay problema. El avituallamiento llega para mi gusto un poco tarde, pasada más de la mitad de carrera, y cuando me quiero dar cuenta se acaba la zona y apenas le he dado un mordisco a la naranja y un par de sorbos a la botella.
Tras unas subidas y bajadas chulas, en las que mi tobillo sufre más de lo debido, llegamos a la parte final con una subida inesperada para Isma, que nos obliga a andar sí o sí. Él está más fuerte y tira, y yo voy como buenamente puedo.
Cuando aún faltan un par de kilómetros veo a Nacho por delante y nos unimos a él. Esta última parte del recorrido es casi igual que la parte final del cross del telégrafo, así que me suena bastante.
En la llegada a meta, Nacho me dice que si le damos un poco al tema y ante la mirada atónita de Isma (no me extraña) nos damos a patético y disputado esprint, como se puede ver en este vídeo (atención a partir del segundo 49, dos bichos que vienen por la derecha a codazo limpio).
Al final, vinito dulce y un polvorón además de la ya habitual bolsa con varios ejemplares de revistas y una mini toalla super absorvente que es de agradecer. Como Ana tardaba en llegar, decidí subir a buscarla y nos hicimos juntos el último kilómetro.
Aquí puedes ver los datos de mi Garmin.
Otro año más, y van tres, volvimos a Cercedilla a correr la carrera de navidad. El aliciente para Ana era que se trataba de su vuelta a las carreras tras el nacimiento de Andrea. Ya se podría haber buscado otra más facilita... :-)
Salimos pronto para dejar a Andrea con sus abuelos en Pozuelo, y con un frío que pelaba, aunque con cielo despejado, nos dirigimos a Cercedilla. Al llegar, el clásico atasco para aparcar en el pueblo. Nos desvían a unas calles cerca del ya repleto y con algo de nieve aparcamiento habitual.
Como ya viene siendo tradición, nos dirigimos directamente a casa de Isma para recoger el dorsal, cambiarnos, y bajar a la zona de salida a por el chip donde este año también se recoge primero la camiseta. Allí nos cruzamos brevemente con gente del club. Mucho ambiente, como ya viene siendo habitual, y demasiad mogollón en la salida.
Este año he decidido no ir a tope, así que me quedo con Isma y Jesús. Vamos muy tranquilos durante los primeros kilómetros, donde ya empieza a haber nieve y hielo, pero de verdad, no como en Akiles. Isma, que se conoce perfectamente el terreno, me va indicando lo que viene a continuación. Es un experto colándose por los lados, y a ratos, sobre todo en las subidas, me cuesta seguirle. Nos reagrupamos y seguimos dándole.
Es una gozada lo de correr por nieve. Lo del hielo ya es otro cantar, pero yendo con cuidado no hay problema. El avituallamiento llega para mi gusto un poco tarde, pasada más de la mitad de carrera, y cuando me quiero dar cuenta se acaba la zona y apenas le he dado un mordisco a la naranja y un par de sorbos a la botella.
Tras unas subidas y bajadas chulas, en las que mi tobillo sufre más de lo debido, llegamos a la parte final con una subida inesperada para Isma, que nos obliga a andar sí o sí. Él está más fuerte y tira, y yo voy como buenamente puedo.
Cuando aún faltan un par de kilómetros veo a Nacho por delante y nos unimos a él. Esta última parte del recorrido es casi igual que la parte final del cross del telégrafo, así que me suena bastante.
En la llegada a meta, Nacho me dice que si le damos un poco al tema y ante la mirada atónita de Isma (no me extraña) nos damos a patético y disputado esprint, como se puede ver en este vídeo (atención a partir del segundo 49, dos bichos que vienen por la derecha a codazo limpio).
Al final, vinito dulce y un polvorón además de la ya habitual bolsa con varios ejemplares de revistas y una mini toalla super absorvente que es de agradecer. Como Ana tardaba en llegar, decidí subir a buscarla y nos hicimos juntos el último kilómetro.
Aquí puedes ver los datos de mi Garmin.
martes, 2 de diciembre de 2008
De montaña, vale; lo de media maratón...
23 de noviembre. X Media maratón de montaña de Jarandilla de la Vera. Cáceres
Fue ésta una de esas ocasiones en las que ser de un club de atletismo tiene sentido. No sé cómo, pero me convencieron para ir a correr una media maratón de montaña en Jarandilla de la Vera (Cáceres), y aprovechando la coyuntura, ir con toda la familia (Ana y Andrea, encantadas de la vida).
Así que nos juntamos unos cuantos al final. María se encargó de las inscripciones y la reserva del hotel en Cuacos de Yuste, a pocos kilómetros del lugar de la carrera.
Llegamos el sábado a la hora de comer y compartimos mesa con el resto: Ángel, María Luisa, José Luis, María Amparo, Nacho con toda su familia (Noemí, Pablo y Blanca), Alberto, Isabel, y dos amigos suyos. Vamos, un buen grupo. María y Alberto se unieron por la noche.

Hicimos un poco de turismo por Jarandilla (el parador es bien bonito) y Cuacos (pequeño pero con encanto) y nos fuimos a descansar, unos más pronto que otros.
La mañana se presentó soleada aunque muy fría. Desayunamos prontito casi todos los que corríamos, y nos dirijimos a Jarandilla para calentar un poco. Nacho y yo nos metimos en el coche con José Luis y María Amparo. Después de un par de vueltas pudimos aparcar y salir a calentar un poco.

La salida la hicimos desde bien adelante, aunque en cuanto empezamos a correr no hubo problema en que la gente con más prisa nos fuera pasando. Fui con Nacho los primeros kilómetros, a un ritmo que casi nos permitía ir charlando. Encima, siendo cuesta abajo... Había muy buen ambiente; alguno incluso se arrancaba a contar chistes.
El paso por los primeros kilómetros constató que la medición de estos no estaba muy bien hecha, al menos comparando con lo que indicaba no sólo mi Garmin, sino los GPS y podómetros de otros corredores. Y en esta tontería de si está o no bien medido, llegó la fatalidad.
Pasando por la marca del kilómetro cinco, en una zona medio asfaltada, me giré para confirmar con los que venían comentando por detrás que efectivamente los kilómetros estaban mal medidos. Tan pegado a la cuneta iba que se me fue el pie izquierdo y ¡zash! esguince que te crió.
Dolor, mucho dolor al principio, pero aún no llevábamos ni 5 km y no podía pensar en parar. Seguí corriendo para ver si en caliente el pie aguantaba. Tras unos metros en los que el dolor era bastante intenso, me fui encontrando mejor, así que seguí corriendo, aunque ya en la cabeza sólo tenía una palabra: esguince.
Comenzó a ponerse cuesta arriba el terreno, y me distancié de Nacho, que prefirió llevar un ritmo más bajo. Durante la subida nos cruzamos con dos hombres y una mujer con aspecto magrebí que bajaban andando, supongo que vieron complicado el tema de ganar y ante la perspectiva de no pillar premio prefirieron reservarse.
Subida por pista, bajadas, tramos con carretera, partes en las que nos encontramos con nuestros animadores, y ahí seguí, con dignidad, andando en algunos tramos y corriendo en otros. Tenía miedo de que al bajar se me fuera el pie y me acabar de fastidiar, pero fui con cuidado y aguanté bastante bien.
Más o menos en el 15 me junté durante un par de kilómetros con un corredor veterano de esta prueba, que me informó de que aún quedaba una subida jodidilla y la bajada, que no era tan agradable como uno puede pensar, y que me convenía guardar fuerzas, porque se sufría.
La subida se me hizo dura, pero la bajada fue más dura aún. Parece mentira, pero es así. Iba arrastrado y no hacía más que pasarme la gente, pero en el último kilómetro me vi bien y apreté para adelantar a unos cuantos. En mi esprint habitual de los últimos metros sólo pude oír a Ana animarme. Para otra ocasión queda pararme y entrar en meta con mi niña, como hicieron otros padres.
Al final 1h 38' 22", en poco más de 20 km que para ir con un esguince no está nada mal. En la llegada me entregaron una especie de ticket con mi tiempo y clasificación oficial, que siempre es de agradecer.
Hielo, ducha, cuidados de mi enfermera particular y vuelta a casa después de una media que no fue tal, y más dura de lo que nos pensábamos (y mira que María nos lo advirtió). Próxima cita de montaña: Cercedilla, el 21 de diciembre.
Aquí te dejo los datos que recogió mi Garmin.
Fue ésta una de esas ocasiones en las que ser de un club de atletismo tiene sentido. No sé cómo, pero me convencieron para ir a correr una media maratón de montaña en Jarandilla de la Vera (Cáceres), y aprovechando la coyuntura, ir con toda la familia (Ana y Andrea, encantadas de la vida).
Así que nos juntamos unos cuantos al final. María se encargó de las inscripciones y la reserva del hotel en Cuacos de Yuste, a pocos kilómetros del lugar de la carrera.
Llegamos el sábado a la hora de comer y compartimos mesa con el resto: Ángel, María Luisa, José Luis, María Amparo, Nacho con toda su familia (Noemí, Pablo y Blanca), Alberto, Isabel, y dos amigos suyos. Vamos, un buen grupo. María y Alberto se unieron por la noche.

Hicimos un poco de turismo por Jarandilla (el parador es bien bonito) y Cuacos (pequeño pero con encanto) y nos fuimos a descansar, unos más pronto que otros.
La mañana se presentó soleada aunque muy fría. Desayunamos prontito casi todos los que corríamos, y nos dirijimos a Jarandilla para calentar un poco. Nacho y yo nos metimos en el coche con José Luis y María Amparo. Después de un par de vueltas pudimos aparcar y salir a calentar un poco.
La salida la hicimos desde bien adelante, aunque en cuanto empezamos a correr no hubo problema en que la gente con más prisa nos fuera pasando. Fui con Nacho los primeros kilómetros, a un ritmo que casi nos permitía ir charlando. Encima, siendo cuesta abajo... Había muy buen ambiente; alguno incluso se arrancaba a contar chistes.
El paso por los primeros kilómetros constató que la medición de estos no estaba muy bien hecha, al menos comparando con lo que indicaba no sólo mi Garmin, sino los GPS y podómetros de otros corredores. Y en esta tontería de si está o no bien medido, llegó la fatalidad.
Pasando por la marca del kilómetro cinco, en una zona medio asfaltada, me giré para confirmar con los que venían comentando por detrás que efectivamente los kilómetros estaban mal medidos. Tan pegado a la cuneta iba que se me fue el pie izquierdo y ¡zash! esguince que te crió.
Dolor, mucho dolor al principio, pero aún no llevábamos ni 5 km y no podía pensar en parar. Seguí corriendo para ver si en caliente el pie aguantaba. Tras unos metros en los que el dolor era bastante intenso, me fui encontrando mejor, así que seguí corriendo, aunque ya en la cabeza sólo tenía una palabra: esguince.
Comenzó a ponerse cuesta arriba el terreno, y me distancié de Nacho, que prefirió llevar un ritmo más bajo. Durante la subida nos cruzamos con dos hombres y una mujer con aspecto magrebí que bajaban andando, supongo que vieron complicado el tema de ganar y ante la perspectiva de no pillar premio prefirieron reservarse.
Subida por pista, bajadas, tramos con carretera, partes en las que nos encontramos con nuestros animadores, y ahí seguí, con dignidad, andando en algunos tramos y corriendo en otros. Tenía miedo de que al bajar se me fuera el pie y me acabar de fastidiar, pero fui con cuidado y aguanté bastante bien.
Más o menos en el 15 me junté durante un par de kilómetros con un corredor veterano de esta prueba, que me informó de que aún quedaba una subida jodidilla y la bajada, que no era tan agradable como uno puede pensar, y que me convenía guardar fuerzas, porque se sufría.
La subida se me hizo dura, pero la bajada fue más dura aún. Parece mentira, pero es así. Iba arrastrado y no hacía más que pasarme la gente, pero en el último kilómetro me vi bien y apreté para adelantar a unos cuantos. En mi esprint habitual de los últimos metros sólo pude oír a Ana animarme. Para otra ocasión queda pararme y entrar en meta con mi niña, como hicieron otros padres.
Al final 1h 38' 22", en poco más de 20 km que para ir con un esguince no está nada mal. En la llegada me entregaron una especie de ticket con mi tiempo y clasificación oficial, que siempre es de agradecer.
Hielo, ducha, cuidados de mi enfermera particular y vuelta a casa después de una media que no fue tal, y más dura de lo que nos pensábamos (y mira que María nos lo advirtió). Próxima cita de montaña: Cercedilla, el 21 de diciembre.
Aquí te dejo los datos que recogió mi Garmin.
martes, 2 de septiembre de 2008
Chof-chof
22 de junio. Cross Alpino del Telégrafo. Cercedilla (Madrid)
Madrugón para estar a las 7:30 en la pista, donde habíamos quedado con Nacho. La cita, el VII Cross Alpino del Telégrafo, con 17 km (8,5 subida y otros tantos de bajada) saliendo de la plaza del ayuntamiento de Cercedilla, y volviendo al mismo punto, previo paso por el alto del Telégrafo, en Navacerrada. A priori, muy buena pinta.
Con Ana, que venía de chófe
r, llegamos con tiempo suficiente para recoger el dorsal. En ese mismo momento nos entregaron la bolsa del corredor, que en relación a los 19 € que costaba la inscripción estaba bastante bien surtida (no sé qué tiene Cercedilla, que las bolsas del corredor siempre están bien). De fondo oíamos las instrucciones que se estaba dando a los corredores (no sabemos si del maratón alpino o del cross). El caso es que después de volver al coche a dejar las cosas y cambiarnos, nos dirigimos de nuevo a la zona de salida, donde calentamos un poco, estiramos, pasamos el control de dorsales, y nos dispusimos a tomar la salida. Allí nos encontramos con Carlos, del grupo de aventura, que ya había corrido esta carrera en otras ocasiones; se fue hacia delante pero nosotros, con objetivos mucho más modestos nos mantuvimos en la parte de atrás.
Salimos con cierto retraso, y mucho ánimo en el ambiente. ¡¡A subir!! Los primeros kilómetros me daban la sensación de no estar subiendo demasiado; alguna cuestecilla, sí, pero todo bastante suave. El primer avituallamiento lo aproveché para esperar a Nacho. Después de eso empezaron a aparecer tramos con algo más de pendiente que afrontamos con dignidad, y también -tal como nos indicó Carlos antes de salir- tuvimos que atravesar varios arroyos sin mirar mucho dónde poníamos el pie, porque el remojón estaba garantizado; y en cuanto los pies se secaban, chof, otro chapuzón. Nos acordamos del Gore-Tex que no incluimos al comprar nuestras Salomon, pero estuvimos de acuerdo en que no merecía la pena el gasto para algo así, en comparación al calor que pueden sufrir los pies.
A los 55' de carrera por zona boscosa tuvimos que empezar a hacernos a un lado porque ya venían de vuelta los primeros. Mucha prisa, mucha prisa, y el camino que se empezaba a empinar. El final de subida nos reservaba todo lo que no habíamos subido hasta entonces. Pasamos por la estación de Navacerrada, unas escaleras, y lo más duro, un tramo final que obligaba a hacerlo andando; una auténtica pared. Para entonces ya había dejado a Nacho atrás. Pasé por el control de dorsales en el alto del Telégrafo en 1h15' aproximadamente. Aproveché la bajada por la pelada pista de esquí para llamar a Ana y decirle que ya iba para abajo. Justo al final de la pista, junto a la carretera, en lo alto del puerto nos esperaba el avituallamiento sólido con toda clase de alimentos que entraban que daba gusto.
A partir de ahí comencé la bajada más dura. La primera parte era muy empinada y había que ir con cuidado y frenándose bastante. Aún así, como no tenía molestias de ningún tipo, pude bajar sin problema, uniéndome a algún grupo, adelantando a unos cuantos, y viendo cada vez más cerca la llegada. Antes de eso ya me había cruzado con los corredores escoba, así que salvo algún excursionista rezagado, no había problema en encontrarse gente de frente. Y a bajar todo lo subido...
El último avituallamiento (que era el mismo que el primero) vino bien para hidratarse y afrontar la última parte. Me veía con fuerzas y pasé a un grupo, pero en la bajada siguiente un par de corredores me volvieron a superar y ya me costó seguirles, así que de ahí en adelante, solo hasta la meta, que se hizo de rogar, ya que no entramos exactamente por el mismo sitio por donde habíamos salido, sino que hubo que dar un poco de rodeo. A pocos metros de la meta estaba Carlos dando ánimos a los que llegábamos, y casi en el arco de entrada Ana, cámara en mano, inmortalizó mis últimos metros. Al final, 2h04'14" y muy satisfecho por haber corrido esta carrera. Merece la pena.
Nacho llegó unos veinte minutos más tarde, con mucha dignidad. En resumen, una carrera muy recomendable, con buena organización y en un marco ideal.

Madrugón para estar a las 7:30 en la pista, donde habíamos quedado con Nacho. La cita, el VII Cross Alpino del Telégrafo, con 17 km (8,5 subida y otros tantos de bajada) saliendo de la plaza del ayuntamiento de Cercedilla, y volviendo al mismo punto, previo paso por el alto del Telégrafo, en Navacerrada. A priori, muy buena pinta.
Con Ana, que venía de chófe
A los 55' de carrera por zona boscosa tuvimos que empezar a hacernos a un lado porque ya venían de vuelta los primeros. Mucha prisa, mucha prisa, y el camino que se empezaba a empinar. El final de subida nos reservaba todo lo que no habíamos subido hasta entonces. Pasamos por la estación de Navacerrada, unas escaleras, y lo más duro, un tramo final que obligaba a hacerlo andando; una auténtica pared. Para entonces ya había dejado a Nacho atrás. Pasé por el control de dorsales en el alto del Telégrafo en 1h15' aproximadamente. Aproveché la bajada por la pelada pista de esquí para llamar a Ana y decirle que ya iba para abajo. Justo al final de la pista, junto a la carretera, en lo alto del puerto nos esperaba el avituallamiento sólido con toda clase de alimentos que entraban que daba gusto.
A partir de ahí comencé la bajada más dura. La primera parte era muy empinada y había que ir con cuidado y frenándose bastante. Aún así, como no tenía molestias de ningún tipo, pude bajar sin problema, uniéndome a algún grupo, adelantando a unos cuantos, y viendo cada vez más cerca la llegada. Antes de eso ya me había cruzado con los corredores escoba, así que salvo algún excursionista rezagado, no había problema en encontrarse gente de frente. Y a bajar todo lo subido...
El último avituallamiento (que era el mismo que el primero) vino bien para hidratarse y afrontar la última parte. Me veía con fuerzas y pasé a un grupo, pero en la bajada siguiente un par de corredores me volvieron a superar y ya me costó seguirles, así que de ahí en adelante, solo hasta la meta, que se hizo de rogar, ya que no entramos exactamente por el mismo sitio por donde habíamos salido, sino que hubo que dar un poco de rodeo. A pocos metros de la meta estaba Carlos dando ánimos a los que llegábamos, y casi en el arco de entrada Ana, cámara en mano, inmortalizó mis últimos metros. Al final, 2h04'14" y muy satisfecho por haber corrido esta carrera. Merece la pena.
Nacho llegó unos veinte minutos más tarde, con mucha dignidad. En resumen, una carrera muy recomendable, con buena organización y en un marco ideal.
sábado, 17 de mayo de 2008
De montaña (y de las buenas)
11 de mayo. II Memorial Fernando García Herreros (Bustarviejo)
Después de unos días de agujetas, toca recordar la que para mí ha sido hasta ahora la carrera de montaña de mayor duración.
Hace unos días Nacho me propuso que fuera con él a correr esta carrera en Bustarviejo. No estaba yo muy convencido, sobre todo viendo el perfil, pero al final me animé.
Impresiona, ¿verdad? Eso mismo pensé yo pero, ¡qué demonios! Alguna vez tiene que ser la primera que me enfrento a algo así, y además ir con Nacho es garantía de sobre todo no pasarlo mal.
La primera sorpresa, en la pista del club, donde habíamos quedado para ir juntos. Allí esperaba Pedro, al que al final había convencido también Nacho, para aprovechar el dorsal de un amigo que al final no podía venir.
Así que con este cambio de personalidad nos marchamos rumbo a Bustarviejo. Tras alguna indecisión en la ruta, llegamos a nuestro objetivo. Muchas nubes e incertidumbre respecto a qué indumentaria llevar durante la carrera.
Pedro (a efectos de la organización, Tomás) se encontró con varios conocidos, y nos preparamos para la salida desde la plaza del ayuntamiento. No demasiados corredores, ambiente familiar, control de dorsales, últimas instrucciones, y a por ello: 20 km por delante; tiempo estimado: unas 3 horas.
Comenzamos tranquilamente el ascenso hacia el primer avituallamiento, que alcanzamos al cabo de minutos. Vasitos con agua o acuarios diluido, y a seguir subiendo. Son caminos estrechos y entre matorral, nada que ver con pistas forestales.
Y de repente empezamos a bajar. Bajada técnica anunciaba el itinerario ¿Y eso qué es lo que es? Pues la bajada más dura que recuerdo. Un cortafuegos estilo pista negra de esquí que nos deja los cuádriceps reventados. Yo, como bajo bastante mejor que mis compis, me adelanto un poco y les espero abajo.
Desde ahí tomamos respiro durante unos minutos, y justo antes de empezar otro nuevo ascenso llegamos al segundo avituallamiento, que esta vez incluye alimento sólido (gajos de naranja y galletas de chocolate). Empezamos a ascender por un camino más ancho, y tras parar un momento para descargar líquidos, formamos grupo con un portugués que ya nos acompañará durante lo que resta de carrera.
Seguimos la subida hasta alcanzar el tercer avituallamiento, donde oímos que los primeros ya han llegado (en 1h 37') Pero esta gente ¿está loca o qué? Ni que decir que las vistas a lo largo del recorrido son espectaculares.
Una nueva bajada, esta vez más suave, y tras recibir las únicas gotas de lluvia en todo el recorrido, comenzamos un nuevo ascenso, el último, hasta el pico Mondalindo, que da nombre al club de montaña organizador de la carrera (en memoria de uno de sus miembros, gran corredor de carreras de montaña, fallecido hace un par de años en accidente de tráfico)
En el Mondalindo nos esperaba el último avituallamiento antes de comenzar el descenso hacia Bustarviejo. Pedro se adelanta, y yo salgo a su caza y captura. En pocos metros le adelanto y me lanzo hacia los últimos kilómetros. Esta última bajada transcurre por caminos estrechos y con mucha piedra, lo cual no deja indiferente a mis ya castigados cuádriceps. Incluso estoy a punto de caer un par de veces; las piernas ya no se levantan tanto al cabo de más de 2 horas y media.
Finalmente termina lo más duro del descenso y llego a una zona de caminos de tierra anchos, que da gusto recorrer. Últimos metros, y llegada de nuevo al punto de partida, donde nos espera el maná en forma de acuarius, sándwiches, cacahuetes, gajos de naranja, galletas de chocolate, y lo que me quisieran poner por delante, porque todo entra. Mi tiempo final 2h52'04", aunque es lo de menos porque lo importante no es el tiempo sino disfrutar de la carrera. Y a fe que lo hice.

A los pocos minutos aparecieron nuestro compañero portugués, Pedro-Tomás, y por último nuestro encantador de serpientes, Nacho, con la dignidad que le caracteriza en estas carreras. Conclusión: ha merecido y mucho la pena correr esta carrera, y seguro que algún año volveremos por aquí.
Después de unos días de agujetas, toca recordar la que para mí ha sido hasta ahora la carrera de montaña de mayor duración.
Hace unos días Nacho me propuso que fuera con él a correr esta carrera en Bustarviejo. No estaba yo muy convencido, sobre todo viendo el perfil, pero al final me animé.
La primera sorpresa, en la pista del club, donde habíamos quedado para ir juntos. Allí esperaba Pedro, al que al final había convencido también Nacho, para aprovechar el dorsal de un amigo que al final no podía venir.
Así que con este cambio de personalidad nos marchamos rumbo a Bustarviejo. Tras alguna indecisión en la ruta, llegamos a nuestro objetivo. Muchas nubes e incertidumbre respecto a qué indumentaria llevar durante la carrera.
Pedro (a efectos de la organización, Tomás) se encontró con varios conocidos, y nos preparamos para la salida desde la plaza del ayuntamiento. No demasiados corredores, ambiente familiar, control de dorsales, últimas instrucciones, y a por ello: 20 km por delante; tiempo estimado: unas 3 horas.
Comenzamos tranquilamente el ascenso hacia el primer avituallamiento, que alcanzamos al cabo de minutos. Vasitos con agua o acuarios diluido, y a seguir subiendo. Son caminos estrechos y entre matorral, nada que ver con pistas forestales.
Y de repente empezamos a bajar. Bajada técnica anunciaba el itinerario ¿Y eso qué es lo que es? Pues la bajada más dura que recuerdo. Un cortafuegos estilo pista negra de esquí que nos deja los cuádriceps reventados. Yo, como bajo bastante mejor que mis compis, me adelanto un poco y les espero abajo.
Desde ahí tomamos respiro durante unos minutos, y justo antes de empezar otro nuevo ascenso llegamos al segundo avituallamiento, que esta vez incluye alimento sólido (gajos de naranja y galletas de chocolate). Empezamos a ascender por un camino más ancho, y tras parar un momento para descargar líquidos, formamos grupo con un portugués que ya nos acompañará durante lo que resta de carrera.Seguimos la subida hasta alcanzar el tercer avituallamiento, donde oímos que los primeros ya han llegado (en 1h 37') Pero esta gente ¿está loca o qué? Ni que decir que las vistas a lo largo del recorrido son espectaculares.
Una nueva bajada, esta vez más suave, y tras recibir las únicas gotas de lluvia en todo el recorrido, comenzamos un nuevo ascenso, el último, hasta el pico Mondalindo, que da nombre al club de montaña organizador de la carrera (en memoria de uno de sus miembros, gran corredor de carreras de montaña, fallecido hace un par de años en accidente de tráfico)
En el Mondalindo nos esperaba el último avituallamiento antes de comenzar el descenso hacia Bustarviejo. Pedro se adelanta, y yo salgo a su caza y captura. En pocos metros le adelanto y me lanzo hacia los últimos kilómetros. Esta última bajada transcurre por caminos estrechos y con mucha piedra, lo cual no deja indiferente a mis ya castigados cuádriceps. Incluso estoy a punto de caer un par de veces; las piernas ya no se levantan tanto al cabo de más de 2 horas y media.Finalmente termina lo más duro del descenso y llego a una zona de caminos de tierra anchos, que da gusto recorrer. Últimos metros, y llegada de nuevo al punto de partida, donde nos espera el maná en forma de acuarius, sándwiches, cacahuetes, gajos de naranja, galletas de chocolate, y lo que me quisieran poner por delante, porque todo entra. Mi tiempo final 2h52'04", aunque es lo de menos porque lo importante no es el tiempo sino disfrutar de la carrera. Y a fe que lo hice.

A los pocos minutos aparecieron nuestro compañero portugués, Pedro-Tomás, y por último nuestro encantador de serpientes, Nacho, con la dignidad que le caracteriza en estas carreras. Conclusión: ha merecido y mucho la pena correr esta carrera, y seguro que algún año volveremos por aquí.
viernes, 28 de diciembre de 2007
Cercedilla, un año después
16 de diciembre. IV Carrera de Navidad de Cercedilla.
Un año después, y sin haber vuelto a correr ninguna carrera similar, volvimos a la carrera de navidad de Cercedilla.
Con la experiencia del año anterior, salimos antes de casa y conseguimos aparcar un poco más cerca. De camino hacia la salida ya se iba viendo ambientillo. Nos dimos un voltio y luego mientras subíamos a casa de Isma, nos cruzamos con Martín Fiz, que iba trotando con mochila y todo. Menudo máquina está hecho el muy...
Bajamos a por los dorsales y volvimos al calorcito para cambiarnos, colocar bien dorsales y chips, y ya listos, bajar a la salida.
No veía a ninguno de los del club, y el mogollón era ya considerable. Me subí a un banco, pero nada. Ya había perdido de vista a Ana, Isma y Dani, así que me metí entre la gente cuando, de repente, me encuentro de cara a los del club. ¡Eeeeeeee! Miro a la izquierda, y por allí andan mis tres perdidos.
Mucha gente, mucha gente. Esperamos a que den la salida; bueno, la damos los propios corredores contando hacia atrás: 20, 19... Salida a mogollón. Nos hemos colocado demasiado atrás, y tardamos unos 40" en pasar el arco de salida. Mucha gente, poco sitio; vamos bastante agrupados los del club, sobre todo en un principio Nacho, Pedro, Javier y yo. Cuando llegamos a la vía del tren que sube a Cotos, Alberto nos adelanta para hacer fotillos (estupendas, como siempre).
Seguimos bastante agrupados, subiendo, hasta el kilómetro 2 más o menos, y a partir de ahí la cuesta empieza a poner a cada cuál en su sitio. Incluso toca parar en un giro, porque se monta un poco de atasco, pero una vez superado eso, el camino continua. Ya no recuerdo a partir de qué momento dejo de notar cerca a mis compis.
Y allá que vamos, por caminos más bien estrechos, con poca opción de adelantar, subiendo, bajando, intentando mantener un buen ritmo. No sé si voy a aguantar todo, pero intento no pararme en las cuestas arriba.
En un momento, no sé qué kilómetro, vemos un poco más abajo a Martín Fiz, primero, a toda pastilla. ¿Cuánto nos sacará ya?, pienso. Algún tropezón (mío no, por suerte), adelanto, me adelantan, sube, baja, pero todo bastante llevadero.
Muchos minutos más tarde llego al punto por el que un rato antes había visto pasar a Martín Fiz, y al ver a los que vienen un poco más arriba, da la impresión de que hay que subir donde están ellos; por suerte no es así, y seguimos, más bajando que subiendo. Dejamos la montaña y entramos en la zona habitada. Allí adelanto a un hombre y vamos unos metros comentando el recorrido, pero quiero tirar un poco más, y sigo, que ya no queda nada.
Y a falta de 200 m, la gran cagada. Bueno, me lo tomo con humor, y lo veo como anécdota. Voy casi solo ya por la calle en la que está la meta. De repente, un chico llega de atrás y me adelanta, pero sin demasiada fuerza; como me veo bien de piernas, me pongo a su lado y pasados unos pocos metros, cambio el ritmo. Voy sobrado, pienso, y tengo la impresión de que el chaval se ha quedado. No sé por qué no esprinto con fuerza; simplemente me confío. Y de repente, noto que el chaval, al límite de sus fuerzas, me pasa. Demasiado sorprendido para reaccionar, veo como se dirige a la meta, ocupando el puesto que debería haber sido mío :-)
Al final, 52'50", que no está nada mal. Me había propuesto bajar de 5'/km, y en teoría lo he hecho, aunque no queda muy claro qué distancia hemos recorrido al final.
El resto de la gente, muy bien también. Ana llega con Isma y Dani, en 1h07'. Para entonces yo ya estoy muerto de frío, así que recogen la estupenda bolsa que dan en esta carrera, y nos vamos a cambiar. ¿Volveremos el año que viene? Seguramente.
Un año después, y sin haber vuelto a correr ninguna carrera similar, volvimos a la carrera de navidad de Cercedilla.
Con la experiencia del año anterior, salimos antes de casa y conseguimos aparcar un poco más cerca. De camino hacia la salida ya se iba viendo ambientillo. Nos dimos un voltio y luego mientras subíamos a casa de Isma, nos cruzamos con Martín Fiz, que iba trotando con mochila y todo. Menudo máquina está hecho el muy...
Bajamos a por los dorsales y volvimos al calorcito para cambiarnos, colocar bien dorsales y chips, y ya listos, bajar a la salida.
Mucha gente, mucha gente. Esperamos a que den la salida; bueno, la damos los propios corredores contando hacia atrás: 20, 19... Salida a mogollón. Nos hemos colocado demasiado atrás, y tardamos unos 40" en pasar el arco de salida. Mucha gente, poco sitio; vamos bastante agrupados los del club, sobre todo en un principio Nacho, Pedro, Javier y yo. Cuando llegamos a la vía del tren que sube a Cotos, Alberto nos adelanta para hacer fotillos (estupendas, como siempre).
Y allá que vamos, por caminos más bien estrechos, con poca opción de adelantar, subiendo, bajando, intentando mantener un buen ritmo. No sé si voy a aguantar todo, pero intento no pararme en las cuestas arriba.
En un momento, no sé qué kilómetro, vemos un poco más abajo a Martín Fiz, primero, a toda pastilla. ¿Cuánto nos sacará ya?, pienso. Algún tropezón (mío no, por suerte), adelanto, me adelantan, sube, baja, pero todo bastante llevadero.
Muchos minutos más tarde llego al punto por el que un rato antes había visto pasar a Martín Fiz, y al ver a los que vienen un poco más arriba, da la impresión de que hay que subir donde están ellos; por suerte no es así, y seguimos, más bajando que subiendo. Dejamos la montaña y entramos en la zona habitada. Allí adelanto a un hombre y vamos unos metros comentando el recorrido, pero quiero tirar un poco más, y sigo, que ya no queda nada.
Y a falta de 200 m, la gran cagada. Bueno, me lo tomo con humor, y lo veo como anécdota. Voy casi solo ya por la calle en la que está la meta. De repente, un chico llega de atrás y me adelanta, pero sin demasiada fuerza; como me veo bien de piernas, me pongo a su lado y pasados unos pocos metros, cambio el ritmo. Voy sobrado, pienso, y tengo la impresión de que el chaval se ha quedado. No sé por qué no esprinto con fuerza; simplemente me confío. Y de repente, noto que el chaval, al límite de sus fuerzas, me pasa. Demasiado sorprendido para reaccionar, veo como se dirige a la meta, ocupando el puesto que debería haber sido mío :-)
Al final, 52'50", que no está nada mal. Me había propuesto bajar de 5'/km, y en teoría lo he hecho, aunque no queda muy claro qué distancia hemos recorrido al final.
El resto de la gente, muy bien también. Ana llega con Isma y Dani, en 1h07'. Para entonces yo ya estoy muerto de frío, así que recogen la estupenda bolsa que dan en esta carrera, y nos vamos a cambiar. ¿Volveremos el año que viene? Seguramente.domingo, 17 de diciembre de 2006
Bautismo de montaña
Carrera de Navidad de Cercedilla. 17 de diciembre
Reconozco que no estaba yo muy convencido de esto de correr tan pronto una carrera de montaña. Es algo que por ahora me daba un poco de respeto y, por qué negarlo, algo de pereza.
El caso es que me convencieron, y aunque las fotos y el perfil del recorrido no presagiaban nada bueno, al final me decidí. Así que ahí estábamos esta mañana, Ana, Isma y yo, dispuestos a devorar pista, piedras o lo que se nos pusiera por delante.
El ambiente, como viene siendo habitual, era muy animado. Se veían muchos corredor@s calentando, que se dirigían hacia o venían ya de recoger sus preceptivos dorsales y chips. Temperatura fresquita, como no podía ser de otra forma, estando en las fechas que estamos, y metidos en plena sierra madrileña.
Tras los homenajes merecidos, comenzó la carrera. Según vi el panorama, decidí que lo mejor que podía hacer era ir con Isma y Ana, sobre todo porque el primero vive en Cercedilla, y se conoce los caminos del recorrido como la palma de su mano. De esa forma sabría en todo momento lo que me esperaba a continuación; además, el ritmo que ellos iban a llevar me garantizaba no caer en mi error habitual de cebarme al comienzo, cuando las fuerzas y las sensaciones son buenas, lo que luego siempre me pasa factura.
Y parece que el plan dio resultado. En todo momento nos mantuvimos a un ritmo muy cómodo, que incluso me permitía mantener a ratos una conversación con mi compañero de camino (porque apenas tres kilómetros después de empezar Ana se nos había quedado mientras avanzábamos posiciones durante un repecho). La temperatura era agradable, la ausencia de lluvias de los últimos días hacían que el terreno fuera más que propicio, y no había masificación.
La tan temida cuesta de que nos habían hablado antes de comenzar no fue para tanto; hay que agradecer los carteles con tintes cómicos que colocaron en los árboles a lo largo de la misma, que también ayudaron. Llegamos a la mitad del recorrido bastante enteros, y dispuestos a dar cuenta del merecido y esperado avituallamiento.
¡A gloria nos supo el gajo de naranja que acompañaba a la botella de agua! Ni te imaginas lo bien que entraba después de tanta subidita. Pero aún quedaba la bajada suicida con barro, agua y algo de hielo. Un par de caídas, no nuestras sino de otros corredores nos obligaron a detenernos un poco; es lo que tiene ir corriendo junto a un ATS. Una de esas caídas nos entretuvo lo suficiente como para que Ana nos diera caza, y así poder completar los poco más de dos kilómetros que nos quedaban para la meta, que cruzamos a la vez, como tres campeones, dando así por cerrado -al menos para Ana y para mí- nuestro bautismo en carreras de montaña. Sin duda, no será la última.
Quedan para la anécdota el vino dulce al acabar la carrera, la estupenda bolsa de corredor que nos dieron al acabar (anticipo de las navidades, con tanto regalo que llevaba), y la frase "me duele el orgullo" que fue la respuesta que a la pregunta de Isma "¿qué te duele?" dio una chica tras haberse dejado las rodillas en una caída. A mí, la verdad, me dio pena esa reacción tan ausente de gratitud hacia las personas que nos detuvimos a ayudarla; bueno, hago mal en incluirme, porque yo sólo miré y recogí este triste testimonio.
El caso es que me convencieron, y aunque las fotos y el perfil del recorrido no presagiaban nada bueno, al final me decidí. Así que ahí estábamos esta mañana, Ana, Isma y yo, dispuestos a devorar pista, piedras o lo que se nos pusiera por delante.

El ambiente, como viene siendo habitual, era muy animado. Se veían muchos corredor@s calentando, que se dirigían hacia o venían ya de recoger sus preceptivos dorsales y chips. Temperatura fresquita, como no podía ser de otra forma, estando en las fechas que estamos, y metidos en plena sierra madrileña.
Tras los homenajes merecidos, comenzó la carrera. Según vi el panorama, decidí que lo mejor que podía hacer era ir con Isma y Ana, sobre todo porque el primero vive en Cercedilla, y se conoce los caminos del recorrido como la palma de su mano. De esa forma sabría en todo momento lo que me esperaba a continuación; además, el ritmo que ellos iban a llevar me garantizaba no caer en mi error habitual de cebarme al comienzo, cuando las fuerzas y las sensaciones son buenas, lo que luego siempre me pasa factura.
Y parece que el plan dio resultado. En todo momento nos mantuvimos a un ritmo muy cómodo, que incluso me permitía mantener a ratos una conversación con mi compañero de camino (porque apenas tres kilómetros después de empezar Ana se nos había quedado mientras avanzábamos posiciones durante un repecho). La temperatura era agradable, la ausencia de lluvias de los últimos días hacían que el terreno fuera más que propicio, y no había masificación.
La tan temida cuesta de que nos habían hablado antes de comenzar no fue para tanto; hay que agradecer los carteles con tintes cómicos que colocaron en los árboles a lo largo de la misma, que también ayudaron. Llegamos a la mitad del recorrido bastante enteros, y dispuestos a dar cuenta del merecido y esperado avituallamiento.
¡A gloria nos supo el gajo de naranja que acompañaba a la botella de agua! Ni te imaginas lo bien que entraba después de tanta subidita. Pero aún quedaba la bajada suicida con barro, agua y algo de hielo. Un par de caídas, no nuestras sino de otros corredores nos obligaron a detenernos un poco; es lo que tiene ir corriendo junto a un ATS. Una de esas caídas nos entretuvo lo suficiente como para que Ana nos diera caza, y así poder completar los poco más de dos kilómetros que nos quedaban para la meta, que cruzamos a la vez, como tres campeones, dando así por cerrado -al menos para Ana y para mí- nuestro bautismo en carreras de montaña. Sin duda, no será la última.
Quedan para la anécdota el vino dulce al acabar la carrera, la estupenda bolsa de corredor que nos dieron al acabar (anticipo de las navidades, con tanto regalo que llevaba), y la frase "me duele el orgullo" que fue la respuesta que a la pregunta de Isma "¿qué te duele?" dio una chica tras haberse dejado las rodillas en una caída. A mí, la verdad, me dio pena esa reacción tan ausente de gratitud hacia las personas que nos detuvimos a ayudarla; bueno, hago mal en incluirme, porque yo sólo miré y recogí este triste testimonio.
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