jueves, 30 de agosto de 2007

Osaka (II) ¡qué grande, Mayte!


(Vídeo de la final de 800 m femeninos)

Estaba en el trabajo, pero no me olvidé que Mayte Martínez corría la final de los 800 m, y confiaba en que iba a hacer algo bueno. Quizá no llegar a las medallas, pero sí acercarse.

Es otra de las atletas que me cae bien, junto a Marta Domínguez (qué pena que no hayas podido estar en los mundiales; se te echa en falta). Se la ve con la mirada tímida, a veces algo perdida, pero vaya pedazo de atleta.

A falta de televisión, y para no cantear mucho, me conecté directamente a la web de la IAAF para ver los resultados... "¡¡ha quedado tercera!!¡¡Qué pasada!!", pensé.

Y luego lo vi en la tele. Bueno, lo vi después de un buen rato, porque la valoración que el entrenador del Real Madrid hacía del primer partido de liga era mucho más importante, al menos a criterio de la misma cadena pública que se encarga de la retransmisión de los campeonatos. ¿Pero no se dan cuenta? ¡Ha quedado la tercera del mundo en 800 m, y ha estado a 17 centésimas de batir el récord de España! Me hierve la sangre.

Pedazo de 100 m finales que se marcó la vallisoletana. ¡Olé tus zancadas, guapa!

No quiero cerrar esta zancada sin mencionar a Rosa Morató, que acabó en puesto de finalista en los 3000m obstáculos, después de haber accedido como primera en su semifinal. Otra que seguro nos va a dar alegría.

Osaka (I)


Y por fin llegaron los mundiales de Osaka. La pena es que tengan que solaparse con el comienzo de la liga de fútbol, lo que hace que la atención prestada por los medios sea, si cabe, aún menor.

En la primera jornada me quedé levantado hasta tarde, esperando al final del maratón, a ver si alguno de nuestros representantes (fundamentalmente Julio Rey) nos daban la primera alegría con alguna medalla o, al menos un buen resultado. No empezó con buen pie la cosa, aunque el décimo puesto de Chema Martínez (qué bien me cae ese tío) es digno de mención. A partir de ahora sólo se va a dedicar al maratón. Mucha suerte, Chema. Julio Rey abandonó, y José Ríos, que al parecer apuntaba alto durante la primera mitad de la carrera, terminó en el 17º puesto.

La noche siguiente, la misma historia. Esta vez, esperando a uno de los seguros del equipo: Paquillo Fernández. No pudo con el ecuatoriano Jefferson Pérez, pero sí sacó fuerzas en la última recta para lograr la medalla de plata al superar al hasta entonces segundo clasificado. Me acosté con amargura al saber que le habían descalificado, aunque no se sabía muy bien por qué; lo asumió como pudo, aguantando el tipo frente al micro. Afortunadamente, el recurso prosperó, como no podía ser de otra forma, y unas horas después pudo colgarse al cuello su merecida medalla. ¡Bravo, Paquillo!

Seguro que mucha gente se cabreó con él cuando supo que le habían descalificado. "Tendrías que haber asegurado la plata; por avaricia, te quedas sin nada". Y es que somos muy listos. Correr parece tan fácil... eso lo hace cualquiera. Sí, cualquiera. Que me lo digan a mí, que en 10km corriendo hago peor tiempo que Paquillo marchando. Estoy seguro de que si él no lo hubiera visto claro, no habría hecho ese esfuerzo final, que quedar 3º del mundo no es ninguna tontería.

Pero es que en este país somos así. Sólo vale el resultado. Si gana medalla, qué buenos somos todos; si queda por detrás, aunque sea en posición de finalista, es poco menos que una mierda, con perdón. ¿Realmente nos damos cuenta del mérito que tiene estar entre los mejores del mundo? No, sólo nos vale enfundarnos la roja para animar al equipo de fútbol, que lo más que consigue es quedar entre el 5º y el 8º, siempre, pero eso no nos importa. Dudo que esto cambie alguna vez. Es poco probable que en este campeonato consigamos un oro, pero aunque así fuera, cualquier noticia futbolística relegaría semejante éxito a un segundo plano.


A veces no sale como esperas

Trofeo San Lorenzo. Madrid. 29 de julio

Bueno, pues aquí estaba yo de nuevo, dispuesto a correr por segundo año el trofeo San Lorenzo. Es una carrera bonita, de esas que da gusto correr, fundamentalmente por el recorrido que transcurre por zonas emblemáticas de Madrid como la Puerta de Toledo, el Palacio Real, la Puerta del Sol... en fin, una delicia.

Inconveniente, en la fecha que estamos, y como no podía ser de otra forma, el calor. A pesar de que la salida sea a las 9 de la mañana, el sol se deja notar y bien, y todos vamos buscando la sombra de árboles y edificios.

No recordaba el tiempo que había hecho el año anterior, pero partía con la intención de bajarlo, acercándome a los 42 minutos. Pero qué locura. Si lo hubiera pensado un poco.

Sí que es cierto que no descansé lo que debía, y el meterme en poco más de día y medio entre pecho y espalda más de 1000 km de coche supongo que tampoco ayudó. El caso es que tampoco me encontré demasiado cansado durante la carrera, y hasta dosifiqué en las subidas, para evitar cebarme, pero no sé qué pasó. Hice casi cuatro minutos más que el año pasado, a pesar de que mis sensaciones fueron mucho mejores, sobre todo en los últimos kilómetros. En fin, hay días que no sale como esperas. Creo que el año que viene intentaré mirar menos al suelo y disfrutar más del recorrido.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Reunión de Atletas (y II)

Meeting de Madrid. Estadio de Vallehermoso. 21 de julio.

Y ahí estábamos, en un lugar privilegiado para seguir una prueba que a priori no pensé que me fuera a aportar tanto. Fue un descubrimiento muy afortunado.

Lo primero fue ver llegar caras conocidas, de esas que suelen verse en la tele en las grandes competiciones: nuestras saltadoras Ruth Beitia y Marta Mendía, y algunas de las mejores saltadoras extranjeras. Reconozco mi ignorancia, pero sí que me sonaba la sueca Bergqvist, una de las más grandes, aunque a tenor de su estatura nadie lo diría.

Igual que las lanzadoras de jabalina, llegar, dejar en el suelo las mochilas y comenzar su particular ritual, fue todo uno. Algunas sacaban cintas métricas para marcar al milímetro sus referencias; otras preferían un método más tradicional midiendo pasos. Las caras de concentración y, por qué no, ciertos nervios ya se empezaban a adivinar.

Comenzó el calentamiento; cada una a su manera. Me hacía gracia ver cómo se aproximaban al listón y justo al llegar delante giraban y seguían corriendo hasta completar un semicírculo; me impresionó Ruth Beitia cuando saltó a tijera el listón, que aunque más bajo de lo normal, no dejaba de estar a una altura considerable. Después de cada salto preparatorio, algunas buscaban a su entrenador para hacer ajustes de última hora. Y mientras tanto, como en un mundo aparte, Kaijsa Bergqvist. O al menos esa fue la impresión que me dio mientras estiraba, o levantaba la mano reclamando su turno en cada salto de calentamiento.

Y comenzó la competición. Algunas lo tenían desde el principio más complicado, porque entre tanta figura... pero ahí estábamos nosotros, el público, animando con nuestras palmadas y dando el último empujón en el aire.

Y hay que decir que dio resultado, o al menos eso parecía a ratos.

El listón iba subiendo, y las saltadoras iban cayendo poco a poco. Como era de esperar, quedaron para el final las mejores. Para mi sorpresa, Bergqvist cayó la primera entre las favoritas. Después Ruth Beitia. Entonces ya sólo quedaba la croata Vlasic. No le había prestado mucha atención hasta entonces, pero es que apenas la conocía, y no podía imaginar lo que nos tenía reservado.

Sabiéndose ganadora, y viendo la facilidad con la que iba superando las sucesivas alturas, decidió ir más allá. Subió el listón hasta 2'05, lo que de superarlo, suponía la mejor marca mundial del año, a sólo 4 cm del récord mundial de Kostadinova, que consiguió hace la ya la friolera de 20 años.

Aplaudimos, aplaudimos. Era un momento emocionante, ¡¡y lo superó!! Allí estábamos, emocionados con el salto de esta espigada atleta de 23 años, que miraba a su entrenador buscando aprobación, mientras le indicaba a los jueces que esperaran, porque a lo mejor aún quedaba algo más por hacer.

Entonces nos anunciaron que Blanka Vlasic iba a intentar un salto sobre 2'10, es decir, iba a por el récord del mundo. ¡¡Qué emoción!! Preparamos nuestras manos para aplaudir con más ritmo y más fuerza que nunca... ¡madre mía, como lo bata!!

No alargaré el relato mucho más. Hizo nulo en sus tres intentos, aunque estuvo a puntito, pero todos nos fuimos con una oleada de emoción en el cuerpo y una gratitud por su esfuerzo, que al menos en mi caso, difícilmente olvidaré.

Profesionales, amateurs, populares, pero todos Atletas, con A mayúscula.